Mis amigos periodistas

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No estamos todos, pero estamos algunos.

Aún hoy solemos juntarnos y abrazarnos, hablar de periodismo y de cómo está el mundo, porque claro, eso hacen los periodistas. La foto fue a finales de enero en Madrid. Antes éramos más y teníamos mejores expectativas, pero nadie nos borra la sonrisa cuando volvemos a encontrarnos. Con ganas y buena suerte algún día todo cambiará, pero ahora cada vez brindamos menos y chateamos más. Menos físicos y más virtuales. Y eso jode.

Hace unos años pudimos comprobar lo que ya intuíamos: que éramos capaces de cualquier cosa. Salir, reportear y comerse el mundo era nuestro día a día. Solo necesitábamos dos cosas: rodearnos de un grupo humano y un proyecto común por el que trabajar y dejarse la piel. Eso era esencial en nuestro proyecto de vida.

Los de afuera nos veían un poco raros. Los otros amigos, parejas, familia… Pero al fin se acostumbraron y nos aceptaron. Ahora somos cada vez menos esa rareza llamada reportero, y en cambio somos más normales y comunes. Nuestra vida personal puede que haya mejorado con eso, o puede que no.

Porque nos sigue apasionando ir a lugares donde la gente normal no va, cerca o lejos; mirar a los ojos a alguien y sentir en ella el pulso de vida, o a veces de la muerte: su historia al fin y al cabo. Lo hacemos por el gusto de hacerlo y de contarlo. Porque en nuestra profunda ingenuidad, pensamos que hay alguien a quien le va a interesar. Sin el otro, nada tendría sentido.

Pero cada vez nos cuesta más.

Pienso en Laura, que se busca la vida en Beirut como freelance, y contra mi opinión sigue cruzando la frontera a la guerra de Siria. O en Mariangela, ahora en Madrid pero antes en Grecia infiltrándose en el grupo neonazi Amanecer Dorado, jugándosela por completo, esperando al menos cubrir gastos con sus crónicas.

También pienso en Pablo Ferri, hace unas semanas en Chile. Dos años bajando la carretera Panamericana junto a Patxi, Alejandra y Jaled, reporteando la profunda Latinoamérica, como a ellos le gusta. Ay, Jaled, qué lejos andas también. Estás en México DF, junto a mis otros amigos periodistas que inauguraron la delegación de El País allá: Paula, Pablo y otros cuantos. Al menos ellos tienen como guía a otro compañero, Berni Marín, un amigo de quien te puedes fiar.

Y todos los que andan en medios y lugares inesperados, donde no pueden explotar ni la mitad de sus capacidades, pero donde al menos se les respeta como personas y cobran todos los meses. Luis, Manme, Miguel, Javi…

Y Pablo García, Pablete, ahora en Bruselas a la aventura, harto de no tener vida. Lo único seguro es: no estás solo.

No estás solo y la vida sigue. También probar, investigar y experimentar nuevos formatos, mejor aún si es con gente de fuera del oficio que nos abra la mente. Ahí está el futuro del periodismo, no sé en que formato, pero sé que está ahí.

No quiero olvidarme de mis amigos periodistas de Canarias, como Marisol Ayala, Juan G. Luján, Thalia Rodríguez, y otros cuantos que se desenvuelven en el complicado mundo del periodismo local, siempre fieles a sus valores.

Quizá dentro de un tiempo, puede que no tanto, algunos podamos reencontrarnos trabajando juntos en una misma redacción, haciendo camino al andar y tratando como siempre de cambiar el mundo.

Y entonces volveré a brindar sonriendo, por ustedes, mis amigos periodistas.

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2 pensamientos en “Mis amigos periodistas

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