Los ‘mataos’

Tengo que decir que nunca he tenido problemas con un ‘matao’, esa clase de pequeño delincuente urbano típico del paisaje humano de Las Palmas de Gran Canaria, que participó en la toma del Estadio este domingo y mandó el partido al carajo.

Creo que solo una vez me vinieron a robar, curiosamente frente a lo que hoy es la ‘Supercomisaría’. Yo tenía doce o trece años y me dirigía al CN Metropole a nadar, como todas las tardes, cuando tres o cuatro ‘mataos’ algo mayores que yo me rodearon. Mi hermano, a su vez mayor que ellos, pasaba por ahí y lo resolvió sin demora. Nunca más volvimos a verlos, y creo que fue entonces cuando se despertó mi curiosidad por este especímen que se mueve en masa, ataca en grupo y cuya aspiración en la vida es hacer el mono para obtener el mayor reconocimiento de sus pares.

El ‘matao’ como tal, me duele reconocerlo, creció al calor de mi generación, los que nacimos en los años 80, y le conozco demasiado bien. Los sufrimos porque su comportamiento llegaba a ser totalitario: o eras de ellos o estabas contra ellos. Pero esto lo escribo desde la distancia, sin resentimiento, chicos.

A comienzos de los 90 había un ‘matao’ iniciático. Un joven que era víctima de sus propias circunstancias. Su ambiente familiar no era especialmente idóneo, según pude saber de algunos que estaban entre mis propios amigos del colegio. Barrios problemáticos, familias desestructuradas… Nada muy distinto de lo que ocurre en cualquier lugar. Algo que podías entender y hasta llegar a empatizar con ellos. Pero llegaron los años 94-95 con su moda rapera/chandalera, y eso lo jodió todo.

No quiero llevar a equívocos, admiro la cultura rap y hip-hop, creo que ha aportado grandes artistas en estas décadas y ha servido para dar voz a legiones de jóvenes abandonados a su suerte en las calles, primero de EEUU y luego en muchos lugares, incluida España. Pero no soy fan en su versión , ‘soy-el-más-malo-del-barrio’, ‘brotha’, ‘te escacho la cabeza’, que fue el que se terminó imponiendo en la capital. Algunos quisieron convertir Las Palmas, una ciudad entonces en pleno desarrollo, en su Bronx particular.

Por todas partes empezaron a proliferar camisetas ‘bad boy’, pantalones de chándal con botones, elementos que te identificaban con esa subcultura sobrevenida. Algunos amigos vistieron así y no les pasó nada: sabían que era un tema estético, una moda. Pero entre los que se lo creyeron empezó a cundir una especie de competición por ver quién era el más malo, el más ‘poderoso’, absolutamente todo en imitación de lo que venía de EEUU en la época en la que los raperos se mataban entre ellos. El tribalismo. La violencia como respuesta. La negación del diálogo. El desprecio por el otro. Yo tenía apenas 16 o 17 años, y no entendía nada.

Porque nos estropearon, claro, también, la alegría de las primeras marchas, del baile, la música, el ligoteo, algún ron que otro sin cumplir aún los 18… No había fin de semana sin pelea en la discoteca de turno, y ellos te buscaban las cosquillas, se inventaban excusas para iniciar el jaleo. No solo en discotecas, se infiltraron también en romerías, conciertos, carnavales… Los carnavales llegaron a ser una orgía de ‘mataos’ a finales de los 90. Se instauró la moda de botella al aire y paliza a quien le caiga, una imagen que nunca me he podido quitar de la cabeza por su brutalidad extrema. Algunos lo justificaban por el consumo de drogas, pero ‘coca’ siempre hubo. Ahí también se jodieron los carnavales de Las Palmas, por cierto.

No fue hasta comienzos del nuevo milenio cuando la cosa empezó a remitir. No desaparecieron los ‘mataos’, claro, solo se transformaron. Ya no perseguían la imagen del chico malo, sino del metrosexual, y de repente empezaron a muscularse -ya lo venían haciendo- y a tatuarse -tambien lo venían haciendo-, dándose cuenta -albricias- que despertar interés sexual era más divertido que pegar o amenazar. No se olvidaron de alguna pelea que otra de vez en cuando, por eso de mantener el estatus, con nuevas técnicas aprendidas en gimnasios de artes marciales.

Hasta hoy, que han incorporado el toque de la barba. Es muy interesante. No les hace ser más inteligentes, no, pero sí algo menos violentos, lo que es de agradecer. Los viejos ‘mataos’ además han crecido, la vida les ha devuelto palos y ya no están para muchas películas.

Las nuevas generaciones son mejores que la mía en este aspecto. No sé si son más o menos curiosos, más o menos pasotas, pero al menos no veneran la violencia, la jerarquía y la ignorancia. Puede que no lean mucho, pero tienen la tranquilidad de que un extraño grupo no va a pararlos por la calle para exigirles una especie de impuesto revolucionario. En eso hemos ganado.

No es poco el daño que ha hecho el ‘matao’ a esta ciudad, y alguien algún día escribirá mejor y más largo sobre ello. Porque todavía hoy, y aún parcialmente reconvertido, el ‘matao’ pata negra tiene un refugio del que ha terminado emergiendo, y es el estadio de fútbol. Eso lo aprendieron en otros lugares ya, prohibiéndoles la entrada a recintos reportivos. Y yo te digo a tí, ‘matao’ de la vida y de la historia, en el improbable caso que leas esto: ya está bien, tu momento ya ha pasado. Déjanos vivir en paz.

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8 pensamientos en “Los ‘mataos’

  1. No quiero que pase desapercibido el importante dato apuntado por el autor del artículo en el segundo párrafo del mismo, cuando se refiere su actuación como grupo. Son bestias gregarias, lo que aunque por un lado les permite hacer demostración de poder, por otro les define como lo que en el fondo son: seres cobardes e inseguros.

  2. El mayor “matao”, reconvertido y curtido en cientos de lides, se mueve ahora en las altas esferas. Él sí que es un “póder”, no ya tanto para darte a elegir entre la izquierda y la derecha para mandarte al congelador o a la U.V.I., sino presidiendo un club de fútbol, haciendo negocios sucios, especulando a más no poder y abriendo las puertas del estadio cinco minutos antes del final… Es un verdadero ejemplo de “matao” y sus acólitos entraron el otro día a reventar una gran oportunidad de ascender. La mafia atrae a la mafia…

  3. El matao de los 90’s es muy parecido al de hoy dia, con ciertas diferencias, pero vamos la violencia sigue siendo la misma.Otra cosa es que no se vea. El matao no pasa de moda, es atemporal.

  4.  Es muy sintomático que todo el artículo sea sobre la estética de gente a la que lo que realmente les une (los llamados mataos por el “docto” y pulcro escribiente…) es una realidad mucho más profunda y dura. Más ética y menos estética le diría yo a este anti – matao.

  5. Siento disentir,el matao no es de los 90,ni 80,ni 00….Siempre existió,has explicado muy bien lo que es un matao, Lo puedes extrapolar a cualquier década,Tu no viviste al matao de los cochitos de coches setentero,al matao que tenía que alistarse a la legión sesentero,,son unos pocos ejemplos,pero te digo a ciencía cierta,que siempre existió y existirá.Va con el rol de la sociedad,va con las caracteristicas de donde nació,como se crió,como se educó…Dime la sociedad mas perfecta que conozcas y allí también habrá mataos,te lo grantizo.Yo tengo 48 años y mas calle que …….(da igual)..,y ocho hermanos mayores que yo…y por eso se por boca de ellos lo que ocurría en sus desavenencias con el mal llamado”matao”…Y si no me crees,escucha los chistes de Manolo Vieira , se nutre de ellos constantemente…..Lo del domingo y el futbol fue demencial,pero por desgracias hay antecedentes…por ejemplo.En los 80,concierto en el estadio Insular de Eddy Grant,(no se bien como se escribe,debe ser mi porcentaje de “matao”),Las piedras que tiraban desde las Arenas adyacentes al estadio,abrieron muchas brechas en las cabezas que querían oir al concierto del musico Jamaicano..De los carnavales ni te hablo…En fin,es una pena,pero incultos y no tan incultos,pendencieros ,que no saben canalizar emociones como la rabia ,ira ,frustración,celos,status sociales,etc,etc,agítalo y siempre saldrá algo no agradable…..Carlos Aulaga

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