Risto y Jorge Javier

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Desde que hace unas semanas nos pusimos televisión de pago en casa, cada vez paso menos tiempo consumiendo la oferta crepuscular de los canales en abierto. Ponle 20 minutos semanales. Ponle 10. Ni siquiera me atrae GH15, ese programa mínimo dirigido por una producción y una presentadora demasiado máximos, por todos los dioses. Fast TV es el nuevo concepto. Así me quedó claro que hay que llamar a la antigua telebasura después de ver la entrevista a Jorge Javier (Vázquez) de Risto Mejide en Chester.

Pero hay un día a la semana, uno solo, en que los jefes de programación de las cadenas comerciales parecen como ausentes, más aún de lo que denota su falta de ambición televisiva. Ese día es el domingo, claro. Porque solo los pringaos trabajamos en domingo. Y casi en la misma franja horaria se superponen Salvados, Chester y El Objetivo, tres programas con tres estilos que ofrecen un salto de calidad muy evidente respecto al resto de la semana.

A otros programas como Sálvame no voy a dejar de llamarle telebasura por más que se empeñen Risto y Jorge Javier, porque el término está recogido en el Diccionario de la RAE y porque no le veo motivo. Si reconocemos que comemos comida basura, ¿por qué no aceptamos que vemos telebasura? No creo que consumir basura implique ser basura. Aunque forma parte de mí, yo no soy lo que consumo.

Por cierto que la entrevista me gustó mucho. Risto Mejide, al que sigo por sus conocimientos de publicidad y marketing, y por su coherencia, se está liberando de ese personaje suyo que tanta fama le ha dado en los talent show, pero cuyo malrollismo macarthiano parecía un tanto impostado al principio en Chester. Si quieren conocerle a fondo, les recomiendo la entrevista que le hicieron en Jot Down. Y otra que Mejide hizo a su vez a Toni Segarra, el gran gurú español de la publicidad.

De otro lado tenemos a Jordi Évole y Ana Pastor, con dos programas muy distintos que tratan de poner luz, o al menos otro enfoque, en los temas de actualidad. El Objetivo con un estilo más duro y seco, tanto por su tematica -periodismo de datos- como por el cáracter su presentadora. Salvados, con su agradable estilo cinematográfico y donde todo está perfectamente guionizado.

The Wire y Breaking Bad elevaron uno o dos escalones el umbral de la calidad televisiva. Juego de Tronos me intriga, True Detective me fascina, y Homeland ahora mismo me decepciona. Junto a aquellos tres programas de domingo, todos tienen en común una cosa: la ambición de sus creadores por la calidad en el producto y un saber hacer. ¿Significa por ello que debemos llamarlos ‘slow TV’, dando a entender que son contenidos para ser consumidos únicamente por paladares exquisitos, mientras un sirviente te sirve una copa de champán francés?

Entiendo el deseo vital de Jorge Javier de elevarse por encima de Sálvame y trascender del nivel medio de sus colaboradores. Como él mismo dijo, el tiempo pasa y a él los jóvenes ya lo ven como un señor mayor. Sabe que su tiempo se acaba, y ese Jorge Javier fue muy real. Al otro no me lo creo.

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