Gestionar la irrelevancia

541326656_9ae909967f_b copia Hace un par de meses me encontraba inmerso en la creación de un cuerpo teórico de apuntes para estrenarme como profesor en la MBA Business School. Lo iba a hacer además con una asignatura novedosa en ese lugar, Marketing de Contenidos. En las semanas previas tuve que leer mucho sobre el tema, mucho más de lo que es habitual para estar simplemente al día. Por lo general me basta con un par de suscripciones, en mi caso a Contently y Content Marketing Institute. Pero para esta ocasión necesité hacer mucho más, especialmente porque aspiro a que ese material me sirva para mi trabajo como periodista en marketing digital de aquí en adelante, con sus correspondientes actualizaciones. En algún punto leí algo que me llamó mucho la atención: los contenidos nos ayudan a gestionar el olvido. Lo escribía en este artículo Juan Duce, el CEO de la agencia de comunicación y contenidos del grupo Barrabés. Y añadía: “Con ellos [los contenidos] podemos construir las operaciones de relevancia que nos van a permitir tejer relaciones significantes con los usuarios”. Creo que no se puede decir mejor. Así que antes de entrar en tipos de contenido, procesos, funnels, KPI’s y microconversiones, lo primero que tenemos que plantearnos es eso: gestionar nuestra propia irrelevancia, y para eso necesitamos contenidos.

PROBANDO EL CONCEPTO

Un mes después de leer ese artículo utilicé el concepto por primera vez en una charla en público, durante mi intervención en el SmachTech Summit Digital Media de Las Palmas, el 24 de abril. Y de nuevo el 18 de mayo en la presentación de proyectos de Tenerife Invierte en la aceleradora Palet Express, esta vez vinculado a nuestros servicios de marketing de contenidos en Digital KPI. En ambos caso noté cómo el concepto resultaba sugestivo. Desde el origen de la humanidad, y de la vida incluso, siempre se ha tratado de eso: encontrar estrategias para ser relevantes para el otro, lograr la procreación y continuar la especie. Hoy lo seguimos haciendo aunque sea de otra manera. Seguimos modas y tendencias, queremos llamar la atención de los demás, o de una persona concreta, para conseguir unos objetivos. Casi nunca lo llevamos al plano consciente, simplemente lo hacemos. Está impreso en nuestro código genético. Hoy las marcas nos enfrentamos a ese reto: lograr ser relevantes para nuestro público. Porque hay que tener claro que las marcas per se no le importamos a nadie, salvo unas poquísimas excepciones que han logrado alcanzar el Olimpo. Y podemos escoger. Podemos ser los pesados que no dejan de perseguirte toda la noche, o ser algo más sutiles y resultar interesantes, entretenidos o divertidos. Si eliges la segunda opción, no tengas ninguna duda: la respuesta está en los contenidos.

Texto: Carlos Guerra

Imagen: Ben Stanfield (Flickr)

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